Botero y La Mona Lisa a los doce años
La primera vez que escuché sobre Fernando Botero, o sobre "Botero", específicamente hablando, fue en una canción: Olvidarte, de Ricardo Arjona: "Olvidarte es más dificil que una flaca en un Botero...". "¿Acaso dijo gotero?... no, gotero no; dice claramente: Botero?". ¿Entonces qué diablos podría ser un "Botero"? Para entonces yo era un adolescente saliendo de la pubertad y quedarme con una duda como esa no me mortificaría la mente tanto como suele suceder ahora, sin embargo acudí al diccionario para saber de qué se trataba y me di cuenta de que en Cuba, un "botero" es simplemente un automóvil en alquiler. Pero una flaca en un automóvil de alquiler no podría ser algo tan dificil, o "imposible", tal como lo indica la canción, por lo tanto, una flaca en un Botero no podría ser eso, sino, según el autor de la canción, algo realmente tan absurdo como ver a un gato verde o a una flor de plástico marchita, como fumarse un habano en un avión de American Airlines (no sé si en realidad eso sea imposible, pero pensandolo bien, sí que ha de ser muy dificil), o haber visto a la Princesa Diana en la estación del metro y hasta al mismo sol en plena noche. Todos estas comparaciones dentro de la canción me hicieron suponer que "una flaca en un Botero" tenía que ser algo realmente absurdo e imposible, pero para el autor de la canción, no lo era tanto como olvidar a esa musa que se encuentra implícita en ella: "...Olvidarte es más dificil que una flaca en un Botero, que encontrarse a un gato verde, o a un cubano sin sabor...". En fin, si "una flaca en un Botero" era algo descabelladamente absurdo, lo normal tendría que ser cualquiera de las dos opciones siguientes: 1. Una flaca fuera de un Botero. 2. Una gorda dentro de un Botero.
Tiempo después me enteré de la existencia de una tal "Mona Lisa a los doce años", vendida por un artista latinoamericano al Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1961. Simplemente la vi, y a través de lo absurdo de su fisionomía, ese volúmen y dimensiones que se distancian de la realidad sin alejarse completamente de ella, la pude ver tan bella, linda, tierna, simpática... tan pequeña, gordita, cachetoncita (¿habrá sido así la musa de Da Vinci a la edad de doce años?); me la imaginé como casi cualquier mujer, con esos complejos de la pubertad de los que sufre casi todo el mundo cuando tiene esa edad, me hizo pensar que algún día yo podría tener una hija así y de cuánto la adoraría. Algo simplemente hermoso, realmente despertó sentimientos extraños y agradables en mí. "¿Cómo se llama el autor?", pregunté entonces. "es colombiano, y se llama Fernando Botero", me dijo alguien.
Luego me interesé en conocer las demás obras de Botero, y al hacerlo, me pregunté cómo pude pasar tanto tiempo sin saber qué diablos era un "Botero". Todas esas figuras gordas son poseedoras de una simpatía extraña que cautivan a cualquier amante del arte extraordinario. No podría escoger alguna obra de arte favorita entre todas las de Fernando Botero, pero por el sentimiento que ha provocado en mí, podría afirmar que La Mona Lisa a los doce años es una de ellas.
Alfonso Guido.



